Tarde de diciembre

Hoy me sentí como en París, sentada en el cesped del bosque de Vincennes junto a mi hermano Luis Carlos, escuchando los conciertos del Festival de Jazz de París. Excepto que hoy estaba sentada en el cesped de la Cinta Costera escuchándolo a él y viendo a mi hijo revolcarse en la hierba y bailar.

La brisa de verano corría, el olor a mar lo llenaba todo, el suave atardecer iba encendiendo la ciudad y los foquitos de Navidad.

Me sentí otra vez sumergida en el ritmo pausado, la libertad y la capacidad de poderlo sentir y disfrutar todo a través de los poros de cuando vivía en Europa. Miré alrededor y estaba en casa. ¡Qué regalo! ¡Qué bendición!

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