Zapatitos en la ventana

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Foto Ileana Pérez Burgos

Mi mamá fue quien nos enseñó cómo colocarlos, ligeramente inclinados, en la parte de afuera de la ventana, sin que malla ni persiana ni reja pudieran dificultar el acceso a ellos. Los zapatos tenían que ser fáciles de ver para los Reyes Magos (después de todo una casa tiene muchas ventanas), para llenarlos de golosinas rapidito y poder seguir su camino al siguiente hogar. Yo los imaginaba llegar algo serios y bien barbudos con sus camellos pisando los azulejos de la terraza y tratando de que los regalitos no se salieran del zapato.

Ya grande, en la universidad, un amigo dominicano me contó que en su país la costumbre es poner hojas de menta debajo de la cama para que se las coman los camellos de los reyes. Él ponía todos los años la menta, sin que su mamá lo supiera. Amanecían las hojas allí, como si nada, señal de que los reyes no habían pasado. Imaginar la escena de los niños del barrio con juguetes nuevos mientras él no tenía ninguno, me partió el alma. Tengo la sensación de que él todavía los espera.

En mi casa, los reyes me han visitado hasta de adulta. Una vez me dejaron en la puerta del apartamento una caja llena de golosinas de niña grande: acetona, lima, vasos de colores, algodón, gorra de baño… esas pequeñeces que una no se acuerda que necesita hasta que llegan a la puerta.

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Mañana llegarán camellos a mi balcón.
(Foto Charles Roffey, Flickr)

Hoy mi hija me dijo que por favor le pusiera yo los zapatos en el balcón porque ella estaba que se caía de sueño. El año pasado tuvimos una discusión porque yo le insistía que debía poner los zapatos en el balcón el 5 de enero en la noche y ella que “no”, que tenía que ser el 6 de enero porque ese es el Día de Reyes.

Bueno, aquí voy con mi tarea de poner zapatitos a la vista de los reyes otra vez. ¡Ya! Quedaron listos sobre la mesita del balcón. Mi hija ya me lanzó la pregunta un día de ¿cómo llegan los camellos al balcón de un piso 13? Pues volando como los renos de Santa supongo, ¿no?.

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(Foto Javier Vergara, Flickr)

Lo que me encanta de los regalos de los Reyes Magos es que, a diferencia de los de Niño Dios, son sorpresa. A ellos, por los menos acá en Panamá, uno no les pide nada, solo espera que lleguen. Lo otro que me gusta es que sus regalos no vienen envueltos, por lo menos no los que dejan en mi casa, así que uno nada más se asoma a la ventada desde adentro y ya sabe qué dejaron en los zapatos. Nada de romper papel ni abrir cajas.

Ay, los reyes… llegarán en pocas horas, y con su visita, Melchor, Gaspar y Baltasar me fuerzan a despedirme de la Navidad. Estoy negada a quitar el árbol todavía porque aún está bastante verde, así que extenderé mi Navidad hasta este domingo 11 de enero –y porque una necesita tiempo para desmontarlo todo, ya me dio pereza, entiendo a la gente que deja los foquitos colgados todo el año-.

Vienen y se van los reyes y me dejan el verano… un delicioso premio de consolación.

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