Dos noches sin chupi

Consuelo, chupón, chupete, mamón... En casa le llamamos "chupi" y mi hijo le dice "Rrrupi" Panamá

Consuelo, chupón, chupete, mamón… En casa le llamamos “chupi” y mi hijo le dice “Rrrupi”

Llegamos a urgencias y, por supuesto, Giancarlo llevaba el chupi en la boca. Aunque ya estábamos en la etapa de “solo lo usa para dormir”, porque tiene dos años y varios médicos nos habían dicho que era tiempo de quitarlo, pues ese día, él estaba enfermo, con varios días de vómito y diarrea, y casi sin comer, merecía el pobre que le dejáramos usar el chupón de día también. ¿No les parece?

Pero el médico fue directo. “Ya no debe usar chupete”. Los niños que usan chupón se enferman tres veces más que los demás, “si a un niño le dan 6 resfriados en un año, al suyo le van a dar 12 o más”. Sus palabras hicieron eco en mi cabeza porque justo en ese momento el niño había saltado de resfriado a infección estomacal, y desde noviembre, la historia no hacía más que repetirse.

“¿Qué dice él? Que no” preguntó y se respondió el médico. “No ahora”, porque está enfermo, “pero apenas pase esto, tienen que quitárselo, no hay opción, aunque él diga que no”, nos insistió el doctor.

Nosotros en silencio recibimos el regaño. Somos padres responsables, entendemos de ciencia… Estábamos claritos, pero ¿cómo lo haríamos?

Me imaginé noches de insomnio colectivo, porque ya solo con perder el chupi en la cama, Giancarlo se podía despertar hasta dos veces por noche. Encima de que no duermo mucho, ahora tendría que pasar quién sabe cuántas noches en vela hasta despedirnos del chupi.

Pues les tengo una buena noticia a todos los padres que pasen por esta situación. Fue más fácil de lo que pensé.

Comenzamos por volverlo a usar solo a la hora de dormir. Si lo pedía de día le decíamos que se estaba lavando, que no había más, que no lo encontrábamos, y lo entreteníamos con un juguete o lo abrazábamos (debe ser horrible no tener tu consuelo a mano), hasta que dejaba de pedirlo.

A la hora de la siesta la nana brillantemente le dijo que “el doctor se quedó con todos los chupis, aquí no hay ninguno”. Santo remedio, se durmió sin chupi y sin llorar.

En la noche, yo se lo daba, pero ayer le dije al empijamarlo lo mismo que la nana “el doctor se quedó con todos los chupis. Se los va a dar a bebés que no tienen porque tú ya no eres bebé”.

“Rrrrupi”, volvió a insistir en un susurro suplicante con ojos que derriten.

“No hay, mi amor”.

Abrazos, besos, canciones, cuentos… El ritual nocturno habitual. “Rrrupi”. “No tenemos más”. Se apretó a mi brazo y se durmió sin llorar.

Hoy solo pidió el rupi una sola vez y se durmió en mis brazos, sin cuento ni canción.

Me pareció mágico, como un regalo, poder haber dejado el chupi de una manera tan sencilla y fácil. Sí fue gradual, sí fue intencional,  sí sirvió el regaño del doctor. Al final funcionó rápido (tomó unos seis días) y sin llanto.

Estoy orgullosa de mi bebé. Acaba de lograr su primer gran acto a costa de fuerza de voluntad.

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