Primera semana de clases

Terminó la primera semana de clases para los chicos panameños -y para la chica de segundo grado en mi casa-. Todavía nos cuesta despertarnos, pero nos alegramos de escuchar el canto de los pájaros. Sentimos que se acabó el verano porque comenzaron las clases, pero la verdad es que todavía está el sol radiante de marzo invitándonos a bajar al parque o a escaparnos al interior.

Comparto con ustedes mi carta editorial de la edición de la revista Ellas, dedicada al regreso a clases, porque hay que recordar que la educación es un derecho, pero también un privilegio pues no todos pueden educarse. Además aprender es divertido y provechoso.

blogescuela

Cartuchera nueva. La abro y la huelo. El olor a útiles escolares fresquitos es de esos que me dibujan una sonrisa en el rostro. Mmm… Delicioso. Me gustaba ir a la escuela. Me encantaba estar con mis amigos. Todavía me gusta aprender.

Así que me despeluco cuando escucho a algún pequeño decir que no quiere ir a comprar útiles escolares, que su  mamá haga sola ese mandado (a mi hija la involucré aunque no quería). Si el inicio de clases no los entusiasma, ¿qué los estusiasma de la escuela entonces? Me lloverán un montón de respuestas de grandes y chicos, algunas con razón y otras convertidas en verdad de tanto repetirlas, pero no porque lo sean…

Pero qué tal si les propongo a los padres y a aquellos que no tengan hijos (pero tienen sobrinos, ahijados, primitos), que cuando hablen de la escuela siempre comiencen y recalquen lo que sí les gustó. Porque tengo el presentimiento de que los niños y jóvenes creen que la escuela es “qué pereza” porque se nos está olvidando decirles lo chévere que fue para nosotros y lo mucho que aprendimos (que si no hubieras aprendido, no estarías leyendo esto).

Es un poco como los vegetales, que los niños no los quieren comer porque no ven a los adultos comerlos y porque les decimos cosas como “a mi tampoco me gustan, pero hay que comerlos”, en lugar de decirles “Qué rico. Me encanta el brocoli”.

Que no seamos pocas las madres que decimos “a mí me encanta estudiar, a mí me encantaba la escuela, fueron los mejores años de mi vida”. Y no se quejen de las tareas, por lo menos no frente a sus hijos. Lo considero parte del proceso de aprendizaje de mi hija y cuando me siento a ayudarle, me parece un lindo momento madre-hija. Después de todo, soy su primera maestra, ¿no? Y esa tarea sí me gusta.

 

 

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