La negra que hay en mí

baile Panamá congo

Toda panameña lleva una reina conga dentro.

Mi hija de 8 años estaba negada a vestirse de afrodescendiente como yo quería. Aceptó la blusa y la zaraza, pero no el turbante, ni siquiera el más pequeño que parecía una vincha. No quería collar y a regañadientes se puso el más delgado de los muchos que le ofrecí.

“No soy afrodescendiente”, me dijo ante mi insistencia para que usara el turbante.

Casi grito del horror.

“Negar tu afrodescendencia es negar a tu madre”, le dije en mi tono de drama de telenovela.

Entonces me di cuenta que en realidad nunca le había contado de dónde vienen sus raíces afro. Le expliqué que el papá de su abuelo era negro y que la abuela de su abuela era negra, y, por tanto, todos en la familia tenemos raíces africanas, de negros coloniales, negros esclavos. 

Se quedó asombrada ante el descubrimiento.

Al final, mi hija aceptó ponerse una diminuta flor en su cabellera lacia. Parecía mas una campesina veraguense que una reina conga, pero entendió lo de sus raíces.

Más de una vez me había preguntado en el mes de mayo por qué este repentino afán por vestirse al estilo africano (para mí, el vestido afropanameño es el congo). Siempre los panameños hemos sido afrodescendientes, está en nuestra comida, en nuestro vestir, en nuestra manera de hablar, de bailar, de caminar. Es el pan nuestro de cada día, ¿para qué vestirse con túnicas y turbantes un día al año? Pero cuando me paré con mi hija frente al espejo el día que le tocaba ir vestida de afrodescendiente a la escuela, me di cuenta que hay mucho que no contamos de la historia familiar, como también hay muchas frases horrosamente racistas en el día de día de los panameños. Aquello de “blanco aunque sea un bollo”, “lo único que la ofende es su color”, “hay que mejorar la raza”, “es una negra guapa” (como si fuera una excepción porque quien lo dice no considera a las negras guapas), habría que borrarlas para siempre de las conversaciones en Panamá y considerarlas igual a escupir sapos y culebras.

Así también tenemos que dejar de pensar que negro y chombo son insultos, de paso incluyo ‘indio’ entre esos adjetivos de los que deberíamos sentirnos orgullos.

Como le expliqué a mi hija, mi cabello rizado, el grosor de mis labios y estas caderas pues claramente vienen de África, y son tan parte de mí, como mis raíces indígenas y españolas y quién sabe cuál otra más que se ha sumado en mi ADN con el cruce de etnias que han pasado por Panamá.

Así que seguiré invitando a mi hija a llevar turbante aunque sea una vez al año, hasta que los panameños nos sintamos plenamente orgullosos de nuestra multiculturalidad, sean cual sean nuestras raíces. Aunque alguien no tenga un familiar negro en su pasado, solo el ser panameño quiere decir que tiene mucho de afro culturalmente, así que todooooos somos afrodescendientes.

 

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