Las amigas indeseables en el carro de mamá

Toda mamá con carro sabe que la comida dentro del auto solo trae problemas, grandes problemas y no hablo solo de derrames y olores, sino de las desagradables cucarachitas que se creen tus amigas y nunca quieren irse. Sí, esas que llaman Mandingas. Las detesto.

9913921246_5980825b5e_kPor supuesto está la opción de imponer la regla de ‘NO comer en el carro’. Perfecto. Bueno, crees que es perfecto, hasta que te das cuenta que más de una vez tendrás y querrás romperla, te corres el riesgo para salvarte de la reacción que provoca el hambre en un niño o en dos o en tres a la vez. Encima si tú tienes hambre y mucho cansancio, pues estarás super irritable frente al alboroto, quejadera, agonía, llanto, etc.

Mantengo la regla de ‘no comer’, pero sí permito infringirla, previo acuerdo de todas las partes y repartición de responsabilidades. A esas excepciones las acompaña otra regla: Limpiar militarmente todo desecho, de comida u otro, y nadie se baja si queda algo de basura dentro.

Ahhh… Easier said than done, como dicen los gringos (‘más fácil se dice que se hace). Como toda madre en apuros, resulta que descubro una envoltura de un caramelo que ni sé cuándo se comieron pero no fue hoy ni antes de ayer. Pese a esos hallazgos, hasta el momento no he visto una sola indeseada amiga, pero sigo vigilante y firme en las medidas de prevención contra tal catástrofe en mi auto maternal.

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Foto ilustrativa

Así que he decidido reforzar todo esto con otra acción, que me parece más sabia que los recorderis amables y a gritos, el tono de ‘señor oficial’ y los chantajes y amenazas.

Puse a mis hijos a limpiar el auto. En las últimas vacaciones, una de las actividades ‘divertidas’ fue sacar las alfombras del carro y restregarlas con cepillo y mucho jabón; y me lo tomé tan en serio que a cada uno le compré su cepillo propio.

Otra de las entretenidas actividades con mamá fue tomar toallitas húmedas de desinfectante y limpiar todo lo que dentro del carro no es de tela, y lo repetimos todas las semanas.

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¿Les digo algo? Les encantó. Se gastaron como 5 toallitas demás cada uno, y el día de las alfombras, se acabó el jabón, pero con estas tareas que hacemos juntos, con música y conversando, ellos aprenden a cuidar lo que tienen porque saben cuánto cuesta limpiarlo y qué lindo se ve cuando está todo arreglado, a sentirse orgullosos de ver el producto de su trabajo, a trabajar en equipo, a encontrar divertido el trabajo, a hacerse responsable de lo que poseen, y a dejar de pensar que ‘ese’ trabajo lo hace otro.

Así que si quieren su carro limpio, mi consejo, es que pongan a sus hijos a limpiarlo, no al carwash ni al conserje. Eso sí, comiencen por algo sencillo, aunque sea manguerear las llantas (dele a un niño una manguera y será como un viaje a Disney) o a limpiar el tablero. Trate que el momento sea una fiesta, que lo que ocurre alrededor del oficio sea divertido, pero que también aprendan a hacerlo lo mejor posible.

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