Close-ups de un patio en verano

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Cuando estamos rodeados de naturaleza, enseguida el cuerpo se relaja, nos sentimos más alegres y hasta respiramos mejor. Somos conscientes de lo bien que reacciona nuestro cuerpo al verdor, pero tal vez no seamos conscientes de todo lo que nos rodea que nos lleva a ese momento de bienestar.

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Hay cosas que no se pueden contar en palabras. Así que tomé la cámara y retraté esos pequeños y mudos detalles que hacen especial las escapadas al aire libre.

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Una mirada al río.

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Los muchos colores.

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Desde la hamaca.

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Cuando quema el sol.

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Raíces, raíces.

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La casa del cangrejo.

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Tonos rosa.

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La hojarasca

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Un regalo de mi hija.

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¡Feliz verano!

Consuelo, chupón, chupete, mamón... En casa le llamamos "chupi" y mi hijo le dice "Rrrupi" Panamá

Dos noches sin chupi

Consuelo, chupón, chupete, mamón... En casa le llamamos "chupi" y mi hijo le dice "Rrrupi" Panamá

Consuelo, chupón, chupete, mamón… En casa le llamamos “chupi” y mi hijo le dice “Rrrupi”

Llegamos a urgencias y, por supuesto, Giancarlo llevaba el chupi en la boca. Aunque ya estábamos en la etapa de “solo lo usa para dormir”, porque tiene dos años y varios médicos nos habían dicho que era tiempo de quitarlo, pues ese día, él estaba enfermo, con varios días de vómito y diarrea, y casi sin comer, merecía el pobre que le dejáramos usar el chupón de día también. ¿No les parece?

Pero el médico fue directo. “Ya no debe usar chupete”. Los niños que usan chupón se enferman tres veces más que los demás, “si a un niño le dan 6 resfriados en un año, al suyo le van a dar 12 o más”. Sus palabras hicieron eco en mi cabeza porque justo en ese momento el niño había saltado de resfriado a infección estomacal, y desde noviembre, la historia no hacía más que repetirse.

“¿Qué dice él? Que no” preguntó y se respondió el médico. “No ahora”, porque está enfermo, “pero apenas pase esto, tienen que quitárselo, no hay opción, aunque él diga que no”, nos insistió el doctor.

Nosotros en silencio recibimos el regaño. Somos padres responsables, entendemos de ciencia… Estábamos claritos, pero ¿cómo lo haríamos?

Me imaginé noches de insomnio colectivo, porque ya solo con perder el chupi en la cama, Giancarlo se podía despertar hasta dos veces por noche. Encima de que no duermo mucho, ahora tendría que pasar quién sabe cuántas noches en vela hasta despedirnos del chupi.

Pues les tengo una buena noticia a todos los padres que pasen por esta situación. Fue más fácil de lo que pensé.

Comenzamos por volverlo a usar solo a la hora de dormir. Si lo pedía de día le decíamos que se estaba lavando, que no había más, que no lo encontrábamos, y lo entreteníamos con un juguete o lo abrazábamos (debe ser horrible no tener tu consuelo a mano), hasta que dejaba de pedirlo.

A la hora de la siesta la nana brillantemente le dijo que “el doctor se quedó con todos los chupis, aquí no hay ninguno”. Santo remedio, se durmió sin chupi y sin llorar.

En la noche, yo se lo daba, pero ayer le dije al empijamarlo lo mismo que la nana “el doctor se quedó con todos los chupis. Se los va a dar a bebés que no tienen porque tú ya no eres bebé”.

“Rrrrupi”, volvió a insistir en un susurro suplicante con ojos que derriten.

“No hay, mi amor”.

Abrazos, besos, canciones, cuentos… El ritual nocturno habitual. “Rrrupi”. “No tenemos más”. Se apretó a mi brazo y se durmió sin llorar.

Hoy solo pidió el rupi una sola vez y se durmió en mis brazos, sin cuento ni canción.

Me pareció mágico, como un regalo, poder haber dejado el chupi de una manera tan sencilla y fácil. Sí fue gradual, sí fue intencional,  sí sirvió el regaño del doctor. Al final funcionó rápido (tomó unos seis días) y sin llanto.

Estoy orgullosa de mi bebé. Acaba de lograr su primer gran acto a costa de fuerza de voluntad.

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Nueva York bajo la nieve

¡Viene la tormenta!

Pero estoy tranquila y calientita en mi casita en el trópico, lejos de la nieve que está cayendo en Nueva York. Con lo mucho que me encanta NYC, ver las muchas imágenes de presagio de tormenta en Instagram, me eriza la piel.

Garance Dore New York

@garancedore

Me recuerda la vez que el bus me dejó en la plaza de la estrella en París, justo frente al Arco del Triunfo. Me quedé allí parada con el frío cosquillándome la mejilla y no sentí nada especial, sino una soledad absoluta. En esa ciudad nadie me esperaba, nadie se alegraba de mi llegada. Sentí el frío hasta los huesos mientras trataba de detener un taxi.

Shey Lin Him New York

@shey_H

Inolvidable es aquel día que cancelaron las clases por tormenta de nieve en Lawrence, Kansas, pero yo estaba lejos del campus y me había quedado por fuera del edificio donde tenía clase (cerrado por mal tiempo). Estuve más de una hora esperando bus bajo la tormenta; un bus que nunca llegaría porque el transporte público se había cancelado y yo no lo sabía. Yo, chica tropical en medio de la nieve, maldije ese día todo, hasta los desconocidos que no paraban a ayudarme.

new york snow

@laurenriff

Finalmente, caminé a un apartamento, toqué la puerta de una desconocida, le pedí el teléfono, llamé a la recepción del dormitorio y pedí que alguien me fuera a rescatar. Sir Thomas llegó, pelirrojo y sonriente, como mi hermoso ángel de aquel día. Para entonces ya no sentía los pies y no podía hablar.

No todas las nevadas fueron tristes. Me encanta jugar en la nieve, me fascinan las escenas nevadas y tuve muchos momentos de chocolate caliente y risas entre amigos, de apapachos, de chimeneas y de botellas de vino.

@ariannahuff

@ariannahuff

Pero no quiero estar en NYC hoy. Los recuerdos desoladores me hacen valorar más el lugar donde estoy: bien cerquita de la gente que quiero.

Waiting for the white, white Tuesday… from afar. Take care newyorkers.

 

Kate Spade NYC

@katespadeny

 

Días sin perfume

Salí del baño, me sequé y extendí la mano hacia la hilera de productos al lado del lavamanos en busca de mi body splash mañanero. Y me detuve. El doctor me dijo que nada de aerosoles ni rociadores hasta que saliera de la bronquitis. Un día más sin oler a nada, o más bien oliendo solo a mi.

Días sin perfume

Foto Fickr Free

Entonces me sorprendí de que no poder ponerme perfume me pusiera triste, porque hasta ese momento pensaba que yo no era muy amante de ellos, que podía vivir sin perfume felizmente.

Los primeros perfumes que recuerdo son los de mi adolescencia, los unisex, populares en los años 1980. Recuerdo Colors de Benetton y CK One de Calvin Klein. Todavía si alguien huele a algo parecido, me detengo un momento para dejarme embriagar por las emociones que despiertan, como si fuera pelaita otra vez.

Ya de adulta decidí que los perfumes no eran lo mío, que lo que me mataba eran las cremas perfumadas, y a esas sucumbí con delirio. Suaves, satinadas, oleosas algunas. Olían rico y sentía que la fragancia se queda más tiempo conmigo que un perfume.

Pero cuando quedé encinta de mi primera hija… las odié. No soportaba una solo nota de fragancia ni crema, aunque no fuera perfumada, cerca de mí. Era como si me dieran a oler gas pimienta, sentía que algo comenzaba a partirse por dentro y quería correr, correr, correr, escapar y alejarme de ese olor. Me parecía loco todo eso, pero la sensación era real y no podía controlarla ni evitarla. Así que regalé todas las cremas en mi tocador, regalé toda gota de perfume que llegara a mis manos y restregaba a mi esposo para quitarle el olor del perfume que se había puesto en la mañana para poder dormir junto a él en la noche. Sí, a las embarazadas las hormonas nos hacen extremas más de una vez.

Me producían tal repulsión los perfumes que pensé que nunca más volvería a quererlos, y eso no me parecía un problema. Nació la bebé y estaba tan ocupada en atenderla que ni siquiera me di cuenta que el asco por las fragancias se había ido. Creo que fue casi dos años después que mi esposo me dijo “no tienes ni un perfume” (a él sí le gustan mucho). Reflexioné un segundo y decidí que ya estaba lista para volver a usarlos y le dije “regálame uno”, y así fue. Han ido llegando perfumes e incluso algunos, raramente, los he comprado yo. Creo que hoy son siete botellitas las que ocupan la canasta de los perfumes en mi tablilla.

El otro día entrevisté a Carolina Herrera Báez, la hija de la diseñadora Carolina Herrera, y me decía que el perfume es algo tan personal que no los regala, que prefiere regalar aceites. Yo le dije que pensaba lo mismo que ella, pero que extrañamente tenía dos perfumes creados bajo su guía que habían llegado a mí como regalo y me habían gustado. Hablamos de aromas pero no solo de perfumes y aceites, sino hasta de lo que ella ponía a sus hijos de bebés, algo tan sencillo como colonia Menem.

Ahorita me resignó a ver los frascos en mi tocador como quien ve una dulce tentación que me está prohibida, pero me serena la certeza de que para la otra semana ya podré sucumbir a su encanto. Me parece rarísimo descubrir a mis 41 años que sí me gustan los perfumes.

Los ‘Gracias Ma y Pa’ de las estrellas

Los discursos de los actores al recibir sus Globos de Oro anoche me dejaron claro que todas esas palabras que los papás pasamos la vida repitiendo, y que nuestros hijos reciben con cara de “allí viene otra vez”, “ya lo sé”, “me lo has dicho 100 veces” (yo misma como hija lo dije y todavía lo digo de vez en cuando), no caen en saco roto.

Calculo que el 80% de los premiados agradeció a sus padres cuando recibió el premio. Ruth Wilson recalcó que daba las gracias a sus “glorious, glorious, glorious parents“.

Gina Rodríguez dijo “Mi papá solía decirme cada mañana: ‘Hoy va a ser un día fabuloso. Yo puedo hacerlo y lo haré’. Bueno, papá. Hoy es un gran día. Yo puedo y lo hice”.

 

Michael Keaton recibe el Globo de Oro a mejor actor por Birdman

Michael Keaton recibe el Globo de Oro a mejor actor por Birdman

Mi discurso favorito fue el de Michael Keaton, cuyo verdadero nombre es Michael Douglas, y quien arrancó su discurso hablando de sus padres, mencionando sus nombres y apellidos, dónde vivían (en una vieja casa de granja) y a qué se dedicaban. Habló de sus seis hermanos y lloró cuando agradeció a su mejor amigo, su hijo, quien lo acompañaba esa noche. El discurso más humilde, humado y real de la velada.

Estoy totalmente de acuerdo con Patricia Arquette sobre aquello de que el mejor rol que una puede tener en la vida, el que más disfruta (y es también el más difícil) es ser mamá.

Así que vale la pena seguir cacareando mensajes de positivismo, fortaleza, levantarse después de las caídas, trabajo duro (bien duro), higiene, disciplina, compasión, respeto y responsabilidad en las cabecitas de nuestros hijos. Sí da frutos, deja claros nuestros valores y los de la familia.

Aunque de adultos no se ganen un Globo de Oro o un Oscar, estoy segura que seremos agradecidos de otras muchas maneras.

 

 

 

Zapatitos en la ventana

Reyes magos wise men Navidad Christmas

Foto Ileana Pérez Burgos

Mi mamá fue quien nos enseñó cómo colocarlos, ligeramente inclinados, en la parte de afuera de la ventana, sin que malla ni persiana ni reja pudieran dificultar el acceso a ellos. Los zapatos tenían que ser fáciles de ver para los Reyes Magos (después de todo una casa tiene muchas ventanas), para llenarlos de golosinas rapidito y poder seguir su camino al siguiente hogar. Yo los imaginaba llegar algo serios y bien barbudos con sus camellos pisando los azulejos de la terraza y tratando de que los regalitos no se salieran del zapato.

Ya grande, en la universidad, un amigo dominicano me contó que en su país la costumbre es poner hojas de menta debajo de la cama para que se las coman los camellos de los reyes. Él ponía todos los años la menta, sin que su mamá lo supiera. Amanecían las hojas allí, como si nada, señal de que los reyes no habían pasado. Imaginar la escena de los niños del barrio con juguetes nuevos mientras él no tenía ninguno, me partió el alma. Tengo la sensación de que él todavía los espera.

En mi casa, los reyes me han visitado hasta de adulta. Una vez me dejaron en la puerta del apartamento una caja llena de golosinas de niña grande: acetona, lima, vasos de colores, algodón, gorra de baño… esas pequeñeces que una no se acuerda que necesita hasta que llegan a la puerta.

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Mañana llegarán camellos a mi balcón.
(Foto Charles Roffey, Flickr)

Hoy mi hija me dijo que por favor le pusiera yo los zapatos en el balcón porque ella estaba que se caía de sueño. El año pasado tuvimos una discusión porque yo le insistía que debía poner los zapatos en el balcón el 5 de enero en la noche y ella que “no”, que tenía que ser el 6 de enero porque ese es el Día de Reyes.

Bueno, aquí voy con mi tarea de poner zapatitos a la vista de los reyes otra vez. ¡Ya! Quedaron listos sobre la mesita del balcón. Mi hija ya me lanzó la pregunta un día de ¿cómo llegan los camellos al balcón de un piso 13? Pues volando como los renos de Santa supongo, ¿no?.

reyes magos wise men Navidad Christmas

(Foto Javier Vergara, Flickr)

Lo que me encanta de los regalos de los Reyes Magos es que, a diferencia de los de Niño Dios, son sorpresa. A ellos, por los menos acá en Panamá, uno no les pide nada, solo espera que lleguen. Lo otro que me gusta es que sus regalos no vienen envueltos, por lo menos no los que dejan en mi casa, así que uno nada más se asoma a la ventada desde adentro y ya sabe qué dejaron en los zapatos. Nada de romper papel ni abrir cajas.

Ay, los reyes… llegarán en pocas horas, y con su visita, Melchor, Gaspar y Baltasar me fuerzan a despedirme de la Navidad. Estoy negada a quitar el árbol todavía porque aún está bastante verde, así que extenderé mi Navidad hasta este domingo 11 de enero –y porque una necesita tiempo para desmontarlo todo, ya me dio pereza, entiendo a la gente que deja los foquitos colgados todo el año-.

Vienen y se van los reyes y me dejan el verano… un delicioso premio de consolación.

Qué papás creativos

Me encantó la lista de Huffington Post sobre los 14 papás que hicieron su impacto en internet en 2014. Geniales, la verdad. Demuestran como la paternidad lo hace a uno más creativo, más productivo y más… loco. ¿No es maravilloso?

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Huffington Post. 14 Parents Who Took The Internet By Storm In 2014

Tengo que decir que a la madre que ideó el sistema que explica a sus hijos cómo podían ganar su salida del castigo (punto 4 de la lista) es digna de un Nobel.

Todavía no necesito algo tan drástico en casa, pero la guardaré por si acaso la necesito más adelante. Y estoy de acuerdo en que lavar debe estar entre las cosas que más puntos deben ganar (‘ese oficio no me gusta, materilelireo’).

Daddy daughter dance off

Daddy Daughter Dance Off 2014

Pero mi debilidad son esos papás que bailaron coreografías con sus hijas. Me derriten porque no solo se trata de jugar con ellas, para hacer una coreografía juntos tienen que haber pasado horas y horas practicando, es decir, que estos papás genuinamente le dedican tiempo a sus hijas. Además, se meten en el mundo de la niña haciendo lo que a ‘ella’ le gusta y no necesariamente lo que a papá o a un niño divertiría. Tercero… aceptan hacer el rídiculo en internet porque deciden grabarlo y compartirlo (este video lo vieron más de dos millones de personas y hasta terminaron bailando en programas de televisión).

Un aplauso para ellos.

Ahora los dejo con la lista del Huff Post  para que gocen ustedes también.

http://www.huffingtonpost.com/2014/12/09/14-parents-of-2014_n_6180516.html?ncid=edlinkushpmg00000055

¿Qué locuras de mamá y papá les tocó hacer este año?